Quien lava los platos, dicen, es quien planea el asesinato. Limpiar un cuchillo filoso es una sensación poderosa.
Las copas se lavan con delicadeza. Nunca
sabemos cuán fino es el vidrio o el cristal y un mal golpe contra la canilla
podría rajarlo. Un mal golpe siempre puede ser irreversible.
Cada quien tiene su método para lavar, su
rutina y un protocolo propio. Un gran consejo que daría si pudiera y a alguien
le interesara es que no haya testigos.





