Siempre me gustó nadar estilo espalda.
Siento, desde chica, que es lo más parecido a volar. Transitar en
estado perfecto: ingrávida.
Tantos años después, lo primero que hago cuando voy a nadar es
darme vuelta y deslizarme. En ese momento, lo que más me gusta es
el ruido del agua en mis oídos y poder poder no oír nada.
Sé que abajo del agua es la piel en la que mejor me siento.
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